Otra Vez Oaxaca

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Bueno, pues normalmente no me gusta repetir los destinos de mis vacaciones, ¡habiendo tantos sitios hermosos qué visitar en México y en el mundo!, pero por diversas razones (sobre todo porque los resultados de la votación fueron dos contra uno) viajé nuevamente al bello estado de Oaxaca, al que había visitado hace siete años.

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Chocolate de agua con pan de yema… mmmh.

En aquella ocasión, debido a un desacuerdo entre dos de mis compañeros de travesía tardamos mucho en salir de la ciudad de Oaxaca, luego nos perdimos en la difícil y mal señalizada carretera y cuando después de más de dos horas llegamos al sitio de Hierve El Agua, nos cerraron la puerta en las narices. ¡Qué coraje!

La frustración y el enojo me duraron mucho tiempo, así que mientras llegaba la fecha decidí que esta vez por ningún motivo me iba a perder la visita a Hierve El Agua.

Domingo

Pasaron las semanas y un domingo muy temprano emprendí el vuelo; el avión haría escala en el aeropuerto de la Ciudad de México y el siguiente vuelo a Oaxaca partiría unas tres horas después. Cualquier persona sensata tomaría un libro, compraría un café y algún bocadillo, se sentaría cómodamente en una incómoda silla y esperaría a que pasaran los minutos y las horas.

Pero yo no soy esa persona, así que aproveché para hacer un intrépido, arriesgado y alocado viaje en Metrobús al Centro Histórico, donde nuevamente saludé con ojos de amor al Palacio de Bellas Artes, admiré la gallardía de la Torre Latinoamericana y observé a los cientos de ciclistas y paseantes que aprovechaban que la avenida Juárez era solo para ellos.

Me dirigí al Sanborn’s de los azulejos y disfruté mi almuerzo muy ligero admirando el espléndido edificio y tratando de imaginar cómo habría sido el ajetreo diario en tiempos de los Condes de Orizaba… pedí la cuenta aún sin haber terminado y salí nuevamente a la calle. Pude haber regresado a la terminal en Metro o Metrobús, pero decidí que ya era suficiente adrenalina y solicité un Uber.

Oaxaca nos recibió con un sol esplendoroso y un calor muy sabroso también. De inmediato pedí un taxi al centro, para dejar las maletas en un hotel muy cercano al Mercado 20 de Noviembre. Planeaba hacer un recorrido por las calles aledañas, pero mi estómago protestó y entré al mercado a saborear un rico mole, y para rematar un delicioso chocolate en agua (acá le dicen “de agua”) con un poco de pan de yema. Ah, sabrosura.

Quienes me conocen sabrán que cuando viajo no acostumbro hacer planes muy detallados para mi estancia, es más, ni siquiera reservo hotel. Esto me da una poderosa sensación de libertad, que puedo usar como se me antoje; ya cuando llego a mi destino rento una habitación y decido qué lugares quiero visitar, o, si me da la gana, tomo otro avión o autobús y cambio completamente de destino.

De este modo, decidí que sería buena idea aprovechar el resto de la tarde y ayudar a la digestión subiendo a la magnífica zona arqueológica de Monte Albán. Durante el corto tiempo que duró la visita (estaban a punto de cerrar), volví a admirar las pirámides, respiré el aire de esta espléndida ciudad a bocanadas, me cargué de energía y casi me achicharré bajo el sol.

De regreso a la ciudad, una visita obligada al Templo de Santo Domingo, un recorrido en autobús turístico (he descubierto que estos recorridos son imprescindibles, especialmente si la visita es corta) y posteriormente la cena en un restaurante del Zócalo. Habíamos elegido las mesas que dan a la calle, bajo los arcos, pero era tal el ruidazo y el acoso de los vendedores, que pedimos el cambio a una mesa en el interior.

A diferencia de mi anterior visita, el Zócalo estaba atestado a más no poder, pues además de la gran cantidad de turistas, allí se encuentra un campamento de personas desplazadas debido a un conflicto en el municipio de Zaachila. Desafortunadamente, hay mucho desorden y la vista no es muy agradable.

Lunes

Este día estaría dedicado a recorrer diferentes lugares cercanos en un tour contratado. A diferencia de otros lugares como San Cristóbal de las Casas, en Chiapas, en la risueña Oaxaca los tours no comienzan de madrugada, sino a las plenas 10 de la mañana… bueno, eso decía el boleto, pero estuvimos esperando en el lobby del hotel Rivera del Ángel y en realidad salimos casi a las 11.

Pero esto me dio tiempo de comprar un cinturón muy bonito en el Mercado Juárez, donde hay tantas artesanías y objetos tan bellos que uno se quisiera traer todo. Y para no andar con hambrunas, me pasé al Mercado 20 de Noviembre contiguo a disfrutar un buen desayuno… con chocolate de agua, ¡por supuesto!

La primera parada del tour fue en Santa María del Tule, donde admiramos el famosísimo y milenario ahuehuete. Posteriormente, avanzamos a una hacienda donde se produce el mezcal artesanalmente (por lo que vi abundan en Oaxaca, definitivamente en esta última década el mezcal se ha puesto de moda). Nos dieron una degustación y al final salí de ahí con dos botellas de añejo 5 años El Rey de Matatlán y una botella carísima de mezcal joven de agave madrecuixe destilado en olla de barro, que fue el que más me había gustado cuando me lo dieron a probar (no cabe duda de que me gusta lo fino).

Posteriormente cruzamos la carretera e ingresamos en el poblado de Teotitlán del Valle, famoso mundialmente por los tapetes de lana que tejen sus artesanos, con hilos teñidos a base de insectos como la cochinilla, además de ciertas plantas y productos vegetales como la cáscara de nuez o de granada. En la casa de una familia de artesanos zapotecas, nos ofrecieron una plática sobre el proceso de elaboración de los tapetes, rebozos y otras prendas, todas hermosísimas.

La siguiente parada fue en Mitla, hermoso sitio arquelógico que luce muros hechos de gigantescos monolitos y fachadas adornadas con mosaicos de grecas de diseños muy bonitos. Recorrí todo el lugar, embelesado, y por segunda vez bajé a sus tumbas, no podía perdérmelo. Cabe mencionar que Mitla en náhuatl es mictlán (lugar de muertos), liobaa (lugar de descanso o casa de tumbas) en zapoteco y Ñuu ndiyi (lugar de muertos) en mixteco.

Después de comer, finalmente enfilamos hacia el lugar que no pude conocer 7 años antes: Hierve El Agua; mientras avanzábamos por el camino disparejo que nos traía dando tumbos, a duras penas aguantaba la emoción.

En la camioneta, además de turistas de Oaxaca y otros estados, venía una simpática dama colombiana originaria de Cali, adem

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Maravilloso Hierve El Agua, Oaxaca.

ás de una pareja de italianos y una enfermera francesa de nombre Géraldine. Con estos últimos tuve oportunidad de platicar, y nuevamente me sentí muy feliz de hablar muchas lenguas como San Pablo (1 Corintios 14:18). A mí acudían cuando no entendían alguna explicación, y al final del viaje incluso fungí como intérprete francés-italiano.

Por fin llegamos, y desde el lugar donde se estacionó la camioneta pude apreciar un poco más abajo la belleza de las cascadas petrificadas de Hierve El Agua… qué visión tan maravillosa. Descendimos hacia las pozas, y no quise privarme del placer de quitarme las botas y meter mis pies en el agua carbonatada. Cuando menos eso, pues traje de baño no llevaba y no fue posible darme una buena zambullida.

Platiqué un poco con Géraldine y me contó su itinerario: Oaxaca, Puerto Escondido, San Cristóbal de las Casas, Tulum, Chichén Itzá, Ciudad de México y de regreso al sur de Francia, en Aix-en-Provence. Estos europeos sí que saben viajar, maravilloso.

Disfruté enormemente mi visita, y di gracias a Dios y a la vida por permitirme estar ahí por fin, disfrutando esa belleza, absorbiendo la energía del agua a través de mis pies, admirando un cielo con nubes plomizas que más tarde nos regalaría una llovizna fugaz.

Emprendimos el regreso y casi un par de horas después ya estábamos nuevamente en el centro de Oaxaca de Juárez, despidiéndonos unos de otros, compañeros de viaje y camaradas.

Hora de preparar la siguiente etapa del viaje. ¿Pasar la noche en Oaxaca o ser igual de intenso que Géraldine y tomar un autobús hacia mi siguiente destino? No lo dudé mucho, compré mi boleto de autobús y pasé rápidamente al hotel a bañarme, luego un taxi y voilá, la atestadísima central de autobuses ADO, donde,  por supuesto, me encontraría a Géraldine. Ella iba para Puerto Escondido, pero yo…

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El Templo de Santo Domingo y el Centro Cultural que se encuentra a un lado, visita obligada.
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2 comentarios en “Otra Vez Oaxaca

  1. Tu y yo podríamos hacer vacaciones juntos muy bien. Me encanta no planear demasiado, elegir hoteles al último momento, y hacer las aventuras como y cuando se presentan.

    F & yo fuimos a Oaxaca en la primavera de 2012 y me gustó mucho. Me encantaría regresar, particularmente a Monte Albán. Fuimos allá como parte de un tour, pero tuvimos poco más tiempo que una hora. Sentía cómo una carrera, corriendo desde una pirámide a la otra. La próxima vez, quisiera estar allí a la hora dorada antes de la puesta del sol.

    Qué buena vacación que tienes.

    Saludos y un abrazo,

    Kim G
    Redding, CA
    Que es un muy buen lugar para hacer camping, pescar, y alpinismo.

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    1. Me da mucho gusto que también seas un viajero aventurero como yo, y seguramente nos vendría muy bien un viaje a estas tierras de Oaxaca. La costa de Oaxaca es muy bonita, también la región del Istmo, te gustará.
      Imaginé tu visita a Monte Albán, corriendo de una pirámide a otra, y de solo pensarlo me cansé. Las veces que he ido me agito mucho por la altura, a duras penas puedo caminar, mucho menos correr. Saludos.

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